Desde tus manos se desprende la vida,
esa que cantos trae, apacibles fonemas
de tiempos perdidos y reencontrados.
Desde que elevaste el vuelo,
perdí la brújula y el Norte,
a veces surco los cielos con mis ojos,
a veces me extravío buscándote.
Caracolas marinas que
arrastran las olas,
caballitos de mar sin jinete,
estrellas perdidas en las aguas.
Te sumerges en ellas silencioso,
procurando no ser notado,
cuando te busco no te hallo y sin
hallarte te he encontrado.
La espera se alarga -horas inciertas- en mi mirada,
en tus manos se dibujan viejas poesías,
la del Inca triste por su amada.
Cantos, risas y nostalgias,
sumidos en una tierra olvidada,
memorias lejanas.
Desde tu manos se desprende la vida,
el alma, la calma, agonía lenta y desfasada,
por el camino voy recogiendo trozos de nada.
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