lunes, 2 de enero de 2017

Fantasía &Realidad

Ya pasó la Navidad y comenzó un nuevo año. Finalmente, me dije, volvemos a la realidad. La fantasía es bonita pero no por mucho tiempo, cuando satura, cansa, al menos a mí.
Pienso en mi papá que ya hace 5 años y casi 4 meses que no está. ¿Y qué son 5 años y 4 meses? Sólo tiempo. Y es en el tiempo donde se condensan todos los recuerdos, en el corazón se almacenan y somos afortunados de poder ir, de tanto en tanto, a ese lugar y buscarlos.
Ahora lo hago. En esta mañana de enero, nevada y blanca, he bajado a mi corazón a buscar mis recuerdos. En un rincón encontré la sonrisa de mi papá, amplia y grande, alegre, de pronto se abrieron sus labios y comenzó a cantar una canción que recuerdo haberle escuchado cantar desde niña: " Para subir al cielo, para subir al cielo se necesita una escalera grande y una chiquita y arriba, arriba iré, arriba iré, arriba iré". Y ahora, ya está en el cielo de la canción, o quizá esté dando vueltas alrededor del sol, o de noche se sienta sobre la luna a contemplar la tierra.
¡Quién sabe! Era tan alegre, tan descomplicado, tan simple, mi padre.
Vuelvo a guardar su sonrisa y busco sus ojos, allí están, mirándome, con ese color marroncito de caña clara, parecían sonreír en la mañana cuando al mirar los altos árboles de mango, veía venir a las aves que gustosas comían los trozos de frutas que él les dejaba. Ahora veo su boca que se abre y dice: " Y el pequeñito de pecho gris y alas azul turquesa es un Azulejo, el de pecho verde esmeralda y alas azul intenso es un Tucusito, el de pecho amarillo y alas marrones es un Cristofué."
Oh, Padre, ¡Qué recuerdos!
Mi padre sonríe y me mira con sus ojos color caña clara. Allí está su pelo, finito, liso y blanco como la nieve que esta mañana ha caído sobre Bélgica, y que adorna el jardín que veo desde mi ventana, será por eso que he bajado a mi corazón a buscar sus recuerdos.
Su pelo suave como el de un bebé, que se peinaba hacia adelante para tapar un poco su incipiente calvicie, el pelo que llevo ahora yo, mis canas, blancas como las suyas, amo a mis canas porque en ellas llevo a mi padre, un pedacito de su genética.
Me siento un rato en un rincón de mi corazón, me quedó mirando a la válvula mitral, veo cómo va regulando el flujo de sangre, de esa sangre que también es la de mi padre, mis ojos se quedan allí fijos viendo pasar la sangre, no sé cuánto tiempo.
Cuando me doy cuenta ya se ha hecho tarde, guardo todos los recuerdos y salgo de mi corazón.
Me quedo mirando por la ventana, afuera la alta torre de agua, imponente, me mira destacándose contra el cielo, la nieve blanca, la neblina, todo me parece ahora una fantasía.
La realidad se quedó en mi corazón, allí abajo en el centro de mi pecho, allí donde reposa mi padre, donde sus ojos, su boca, su sonrisa y su pelo duermen un largo sueño de invierno.


2 comentarios:

  1. Tu padre, un ser inmenso, para dejar ese amor y ese recuerdo. Todo mi cariño, amiga, esta mañana de enero.

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    1. Mil gracias amiga linda, por tus palabras y toda tu solidaridad siempre con mis letras, TQM.

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